“Somos lo que hacemos cada día. De modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito” Aristóteles Nuestro carácter está compuesto por nuestros hábitos. Dice el proverbio: Siembra un pensamiento, cosecha una acción… Siembra una acción, cosecha un hábito… Siembra un hábito, cosecha un carácter… Siembra un carácter, cosecha un destino… Casi sin ser muy concientes, partimos del pensamiento para lograr nuestro destino… Los hábitos con los que podemos administrar y optimizar nuestro tiempo y energía, no son independientes entre sí. Al estar en armonía, proporcionan un crecimiento gradual, secuencial y altamente integrado del desarrollo de la efectividad personal e interpersonal. Se va formando una masa crítica, que nos moverá de la dependencia a la independencia y de allí, a la interdependencia. Todos comenzamos nuestra vida como niños dependientes de nuestros padres, familiares y amigos de nuestros padres. Con el tiempo, nos vamos fortaleciendo y nos volvemos cada vez más independientes, siguiendo nuestros propios criterios y opiniones. Más tarde, con la llegada de la adultez, nos damos cuenta que la vida en sí misma es interdependencia casi constante. Los grandes logros suelen alcanzarse jugando en equipo con los demás. Para definir brevemente cada concepto, podemos decir: | La Independencia | La Interdependencia | | Es el paradigma del tu o vos: tu me cuidas, vos haces o no haces lo que debes por mi. Yo te culpo por mis resultados. | Es el paradigma del yo: yo puedo, yo lo hago sola o solo, yo soy responsable, yo me basto a mí mismo, yo elijo. | Es el paradigma del nosotros: nosotros podemos, nosotros hacemos, nosotros logramos. | | Las personas necesitan de los otros para conseguir lo que quieren. | Las personas logran lo que quieren por sí mismas, gracias a su propio esfuerzo. Pero es limitado y falible. | Las personas combinan sus esfuerzos con los esfuerzos de los otros para lograr un éxito mayor. |
La independencia suele ser más adulta que la dependencia. Proporciona mayor fortaleza y libertad. Sin embargo, hay ocasiones en que la independencia se embandera contra la dependencia, es decir, de modo reactivo, huyendo de los demás. En el largo plazo volveremos a darnos cuenta que necesitaremos “del otro” en sociedad. Cuando decimos que necesitamos “romper las cadenas”, “liberarse!”, “autoafirmarse!”, “vivir mi vida”… suele tener que ver con “dependencias internas” no resueltas, de las que nos cuesta salir. Dependencias tales como permitir que el mal humor o los defectos de los demás nos arruinen el día, o sentirnos víctimas de personas o hechos que están fuera de nuestro control. La dependencia suele basarse en cuestiones de madurez personal, que poco tienen que ver con las circunstancias. Incluso, aunque mejoren las circunstancias, puede persistir la inmadurez y la dependencia. La independencia nos da fuerza para actuar. Nos libera de depender de las circunstancias y de otras personas. Es una meta liberadora pero no es la meta final de la vida efectiva. El pensamiento independiente no se adapta naturalmente a la interdependencia o trabajo de equipo. Así, las personas independientes sin madurez para pensar y actuar inter-dependientemente, suelen ser grandes productores individuales, pero no tendrán ese nivel de éxito en sus familias, matrimonios, empresas. La vida misma es interdependiente en todas sus manifestaciones: el sistema solar, el ecosistema, el proceso de fotosíntesis. Si soy interdependiente físicamente, soy capaz, dependo de mí mismo, e incluyo a los demás para trabajar juntos, logrando mejores resultados. Si soy emocionalmente interdependiente, logro una sensación intensa de valía personal y reconozco mi necesidad de amor, tanto de darlo como de recibirlo. Si soy intelectualmente interdependiente, reconozco que necesito de mis pensamientos y del de los demás también. Como personas interdependientes, tenemos la oportunidad de compartir con otras personas, y que éstas también compartan con uno. Por lo tanto, todos terminamos teniendo mayores recursos que antes... Para ser interdependiente, primero necesitamos ser independientes. Porque desde la dependencia, no tenemos el carácter suficiente para interactuar con los demás. Les propongo pensar en ¿Qué situaciones podemos identificar en nuestra vida, en las que somos dependientes, en qué otras somos independientes y en cuáles somos interdependientes? Qué nivel de resultados obtenemos? María Salvo |