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martes, 07 de octubre de 2008
Liderando el Cambio Imprimir E-Mail
ImageFusiones y adquisiciones siguen produciéndose, modificando los mercados… no terminamos de acostumbrarnos al cambio, que ya se está produciendo otro nuevo!

Tantos movimientos incesantes terminan por demostrarnos que lo único permanente es el cambio. Por lo que se torna imprescindible flexibilizar a la organización en su conjunto, sosteniendo con mayor cuidado, los vínculos ya creados con nuestra gente.

Quizás estas mismas transformaciones permanentes, sean una manera de “mantenernos en forma”; quizás así logremos entender que necesitamos estar alertas y avanzar naturalmente en contextos ambiguos y contradictorios, como un nuevo modo de hacer negocios.

Este permanente “caminar en la cornisa”, requiere de un ejercicio de planificación y acción: procesos que corren en paralelo, ajustándose recíprocamente. Sabíamos (o suponíamos) que no teníamos gran margen para el error. Hoy comprobamos que además, no tenemos margen para postergar el aprender cotidianamente, resolviendo hoy, los problemas de mañana.

¿Cómo y cuándo empezamos?


Necesitamos acotar nuestras aspiraciones, a contextos exigentes. Lograr hoy, aquí y ahora. Dar pasos más cortos para consolidar cambios de largo plazo. Podríamos comenzar a elegir la excelencia, sabiendo que no es un esfuerzo adicional, sino un requisito para minimizar costos dentro y fuera de la organización. Los tiempos se acortan, la realidad se complejiza.

La coherencia entre estrategia y acción táctica requiere ser revisada periódicamente en un espacio de acuerdo conjunto. La dirección debe encontrar este espacio para reenfocarse y fortalecerse. Nuestra flexibilidad será puesta a prueba tanto puertas adentro como hacia fuera de la emrpresa.

La cultura organizacional se irá transformando como consecuencia de los impactos superados o no, por la organización en su conjunto. Necesitaremos de compromiso con el cambio, para darle tiempo a que se materialice día a día, y se vaya tornando  sustentable.

Una vez que la cultura organizacional ha dado sus primeros pasos hacia el nuevo rumbo, se necesita el corage y la convicción de ser los mejores, para avanzar en el camino hacia la Misión, Visión y Valores, que creamos cuando nos dejábamos guiar por los sueños de crecimiento.

Un cambio profundo es necesario. Cuanto más posterguemos esta decisión, más recursos estaremos desperdiciando. Y de todas formas, igual vamos a tener tomar la decisión, si queremos vivir una empresa con salud financiera y con salud estratégica.

¿Qué señales son esperables?


Cuando el rumor, las explicaciones que demoran la acción y las quejas permanentes agobian, es el momento de iniciar el cambio, no hay más tiempo que perder! Son tiempos para la autoevaluación, para reconocernos en nuestros errores y aciertos con humildad. Paradógicamente, es esta misma humildad la que nos lleva a la grandeza de resurgir y brillar.

El salto al vacío


En esta primera etapa, nos muniremos de aquellos logros que supimos conseguir, es el momento de tomar las riendas con decisión, con convicción. Suele ser una etapa difícil de transitar, porque quizás no vemos cómo lo vamos a lograr. Sin embargo, tras ese salto al vacío con la convicción de lograrlo, finalmente terminamos lográndolo. La realidad se materializa en el gerundio.

Será de gran ayuda fijar objetivos iniciales discretos, logrables realmente, para asentar la convicción de que el cambio es posible. Luego, en forma gradual, podremos ir saltando cada vez más alto y más lejos.

A modo de un loop de refuerzo positivo o espiral ascendente, pondremos suma atención a los recursos disponibles, optimizando su uso y aprovechamiento. Luego, llegarán otros recursos apoyados en éstos.

Algunos desafíos del cambio


Renovar votos, utilizando la experiencia del maestro y el empuje del iniciado. Pares aparentemente opuestos, que sinergizan muy bien. Elegir el core del negocio, decidiendo ser el mejor, definiendo prioridades y fijando objetivos realistas, alcanzables y medibles.

Parar la rueda inercial en la que venimos andando, para retomar nuevos ritmos, suele requerir de varias reuniones. Entender que la realidad es una construcción discursiva conjunta es todo un logro, pilar del cambio.

Comprender e incluir las diferencias, las disconformidades, lo heterogeneo. El proceso de cambio es gradual y se materializa entre todos. Quizás este sea uno de los aspectos más arduos a trabajar.

Parar, pensar e internalizar en equipo. Tenemos conciencia de que no basta con saber las cosas para que la realidad cambie. Es preciso un esfuerzo extra para andar la ambigüedad propia del cambio: la finalización de una etapa que se entreteje con el inicio de la otra. Y esta ambigüedad puede durar bastante tiempo, suficiente para desmotivar a los líderes solitarios, “los únicos” de la organización. El salvador termina crucificado.

Anímese al cambio. Lidere en equipo! Es posible y altamente satisfactorio!


María Salvo.

 
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